Nuestra pasión por la tecnología tiene más de 300.000 años

Reconozco que a veces el mundo de la tecnología me parece frívolo y, sin embargo, aunque soy plenamente consciente de que hay cosas más importantes, al final del día siempre hay algo en él que conecta conmigo de una forma que no puedo explicar. Algo que conecta con nosotros. Por eso, muchas veces me pregunto, ¿Cuándo empezó lo nuestro con la tecnología? ¿Dónde nació esta pasión por los cacharros, por los nuevos diseños, por los colores llamativos?

Hoy tenemos una respuesta y todo parece indicar que mucho antes de lo que nosotros pensábamos. Durante años, muchos investigadores pensaron que los primeros humanos evolucionaron gradualmente en la aridez de la sabana. Hoy Science trae tres estudios que ponen en cuestión esa teoría y señalan que la tecnología lleva miles de años salvándonos la vida.

En un lugar de Kenia

Todo empezó hace mucho, mucho tiempo en Olorgesailie, Kenia. A unos 70 kilómetros de Nairobi. La primera evidencia de vida humana en aquella zona data de hace un millón doscientos mil años. Durante cientos de miles de años, esos humanos vivieron de la misma manera. Pero hace 300.000 años algo cambió.

A medida que los terremotos remodelaron el paisaje y el clima cambiaba de forma radical, los habitantes de Olorgesailie se aferraron a la innovación tecnológica, las redes de intercambio social y una temprana comunicación simbólica para salir adelante en un mundo en salvaje e imprevisible cambio.

En 2002, casi por casualidad, Rick Potts, director del programa de Orígenes Humanos del Museo Nacional de Historia Natural de EEUU, y su equipo encontraron una gran variedad de herramientas pequeñas y muy elaboradas. Los datos isotópicos revelaron que databan de hace unos 310.000 años. Algo no cuadraba: la calidad técnica era realmente sorprendente para la época.

Un tesoro entre las piedras

No sólo eso. Muchas de esas herramientas no estaban hechas con rocas provenientes del Olorgesailie. Lo que sugería redes de intercambio de más de cien kilómetros. Además, apareció un complejo sistema de tintes y coloraciones de las herramientas. Como explica Potts, “No sabemos para que se usaba el tinte, pero los arqueólogos suelen asociarlo con cierta comunicación simbólica compleja”.

“Al igual que el color se usa hoy en día en la ropa o en las banderas para expresa identidad, estos pigmentos pueden haber ayudado a las personas a comunicar alianzas o mantener vínculos con grupos distantes”, añadía Potts. “Este cambio a un conjunto muy sofisticado de nuevas prácticas involucra mayores habilidades mentales y vidas sociales más complejas. Algo que puede haber sido la vanguardia que distinguió nuestro linaje de otros humanos primitivos”.

Fue allí, en medio de un cambio ecológico descomunal, cuando surgieron los primeros gadgets, donde aprendimos a usar los colores para hablar entre nosotros, donde decidimos confiar en personas que vivían a cientos de kilómetros de distancia. Fue allí cuando nos enamoramos de la tecnología y cuando ésta nos salvó por primera vez. El primer capítulo de un romance que ya dura 300.000 millones de años.

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