La última actualización de Modern Warfare es una descarga inmensa de 84 GB que ha hecho saltar las alarmas entre los gamers

Enciendes la consola tan tranquilo, dispuesto a echarte una partida al 'Call of Duty: Modern Warfare' y de repente, el terror: antes tienes que actualizarlo, pero es que la descarga ocupa... ¿¡¿¡84 GB!?!?

Eso es más de lo que ocupan muchos juegos actuales de primer nivel, y eso ha generado un montón de mensajes en redes como Twitter, donde los jugadores afectados critican que una actualización llegue a ocupar este tamaño. En Activision están investigando el problema, ya que para otros jugadores esa actualización es de "solo" 32 GB. Sea como fuere, esto se nos está yendo de las manos, y nos preguntamos si esta tendencia se mantendrá con la llegada de las nuevas consolas.

Creo que me voy a ir a dormir mientras descarga la actualización

Los propios responsables de Activision indicaban que estaban investigando "un problema de #ModernWarfare en el que algunos usuarios están viendo un tamaño de descarga más grande del esperado en las Xbox para la actualización de hoy". Se esperaba que la actualización ocupase 32,5 GB para la PS4, 44,4 GB para la Xbox One y 39,6 GB para PC (más otros 5,4 GB para jugadores de pago).

La actualización para 'Call of Duty: Modern Warfare' es importante porque abre la llamada 'Season Four' con el contenido de la cuarta temporada de este videojuego que se ha convertido en todo un éxito para Infinity Ward y para Activision.

Los responsables de Infinity Ward ya avisaban de que la descarga sería grande, aunque el tamaño final ocupado por el juego no sería tan distinto, y se incrementaría en 4 GB. Eso significa que la mayor parte de la descarga serviría para sustituir contenidos anteriores que probablemente se mejoran y adaptan, no para sumarlos a los que ya había.

Aún así el tamaño de la descarga ha sorprendido a muchos usuarios, que han visto en muchas de sus Xbox One como esa descarga tenía un tamaño de 84 GB, cuando en las PS4 y también en varias Xbox One el tamaño de la descarga era de 32 GB, una cifra muy alta pero aún así notablemente inferior.

Las descargas son enormes, pero a menudo reemplazan contenidos, no los suman

El tamaño de las actualizaciones se está desmandando en los últimos tiempos, y en Modern Warfare el problema es ya conocido. En la 'segunda temporada' que se inició en febrero de 2020 se sirvió una actualización de 51 GB para la PS4, de 67 GB en la Xbox One y de 68 GB en el PC. Es, como decían en Newsweek, como si los jugadores casi tuvieran que descargarse el juego de nuevo.

Los desarrolladores explicaban que de hecho estaban haciendo algo así: muchos de los contenidos y recursos del juego se habían optimizado para que ocupasen menos, pero primero tenían que "re-enviarlos".

Es decir: la actualización ocupaba mucho, pero el espacio en disco que ocupaba el juego en consolas y PCs se reducía ya que "debería ser algo menor en tu disco duro local" tras instalar la actualización.

El problema ya no es tanto el espacio, sino la conexión a internet

La tendencia en el mercado de los videojuegos es la de hacer títulos que cada vez ocupan más en los discos duros de nuestros PCs y nuestras consolas. La cosa siempre ha sido preocupante e incluso unidades de 1 TB como las incluidas de serie en las últimas Xbox One o PS4 se quedaban rápidamente cortas ante tamaños de juegos que rondan fácilmente los 100 GB.

Esas gigantescas actualizaciones no ayudan, pero es cierto que en muchos juegos esas actualizaciones no parecen ser acumulativas: hemos comprobado el dato en nuestras consolas, y por ejemplo FIFA 20, que ocupaba unos 50 GB en origen, ha recibido varias actualizaciones importantes de unos GB durante los últimos meses. El tamaño sigue siendo de unos 50 GB, lo que significa que esas descargas sustituyen en gran parte recursos que ya estaban instalados, no se suman a ellos.

Eso hace ver que el problema real de estas actualizaciones gigantes no está en que se comen nuestro disco duro. No parece que lo hagan en muchos casos, y de eso ya se encargan las propias instalaciones iniciales de muchos títulos modernos. El problema está en que descargar e instalar esas actualizaciones rompe totalmente la experiencia de juego del usuario.

Descargar 84 GB de datos no es moco de pavo. Incluso con conexiones de fibra de gran capacidad esas descargas pueden tardar un buen rato, y eso hace que antes de poder jugar uno tenga que esperar no solo a la descarga, sino a la instalación.

Para los usuarios con las citadas conexiones de banda ancha eso puede no ser tanto problema: es el precio de jugar a esos títulos cada vez más ambiciosos en sus planteamientos visuales. El conflicto llega para quienes no tienen esas conexiones de banda ancha, que probablemente tienen que hacer malabares para acceder a esas actualizaciones... o no acceder a ellas directamente.

Las consolas modernas permiten realizar esas actualizaciones en segundo plano mientras por ejemplo jugamos a otro juego, y los discos duros también pueden aliviar posibles agobios si nos estamos quedando sin espacio. Esas alternativas mejoran la situación, pero lo cierto es que la situación con el tamaño de los videojuegos y sus actualizaciones lleva tiempo desmandándose.

¿Qué pasará con las PS5 y las Xbox Series X?

No es probable que la cosa cambie en el futuro. Las consolas de próxima generación prometen ofrecer juegos en 4K, lo que hará que los juegos necesiten recursos como texturas más y mejor definidas que nunca: eso obliga a mayores tamaños para dichos contenidos, y es probable que por tanto los juegos que quieran explotar de forma notable esa capacidad acaben ocupando más y más espacio en los discos duros de la PS5 y las Xbox Series X.

Ambas consolas tendrán unidades SSD ultrarrápidas que probablemente aceleren los tiempos de instalación, pero el cuello de botella volverán a ser las descargas de contenido, que estarán limitadas por nuestra conexión a internet.

Las unidades de ambas consolas no variarán demasiado en tamaño: 1 TB para la Xbox Series X y 825 GB para la PS5, lo que hará que tengamos que elegir muy bien qué juegos queremos tener instalados en esa unidad principal.

Podremos usar unidades externas convencionales como las que usamos en las Xbox One y PS4 actuales, pero solo para juegos de las retrocompatibles de anteriores versiones de estas consolas: los juegos que aprovechen la nueva arquitectura de estas consolas deberán residir en almacenamiento principal o bien en unidades externas especiales. Ya vimos los "cartuchos SSD" de la Xbox One, y en Sony han indicado que esas unidades estarán disponibles en el futuro.

El streaming de videojuegos como alternativa

Eso aliviará el problema del estrés por falta de espacio en disco, pero será interesante ver si todo esto es suficiente para mejorar la situación actual.

Puede que las consolas de nueva generación permitan evitar en parte el uso de grandes actualizaciones gracias precisamente a esas unidades SSD que evitan duplicación de contenidos y otros trucos que permitían acelerar el acceso a recuros gráficos, pero no podremos saberlo hasta que llevemos un tiempo con esas consolas. En el PC, no obstante, no parece que eso vaya a cambiar tan fácilmente a corto plazo.

La otra alternativa para solucionar ese problema es clara: los servicios de streaming de videojuegos como Google Stadia, Microsoft xCloud o NVIDIA GeForce NOW precisamente se encargan de tener los juegos actualizados en sus servidores de forma transparente. Los usuarios llegan y juegan, sin descargas adicionales, sin esperas adicionales y sin interrupciones.

No lo hacen con el mismo nivel de detalle de la experiencia local en consola o PC, pero desde luego esa ventaja de los servicios de streaming de videojuegos puede acabar siendo una carta ganadora para muchos jugadores en el futuro. Mientras tanto mucho nos tememos que el tamaño de los juegos y de sus actualizaciones no parará de crecer. Habrá que armarse de paciencia.

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