Después de 350 años, el ‘cacahuete cósmico’ 1997 QK1 volvió casi rozando la Tierra y dejando unas fotografías inéditas de este asteroide que fue visto por última vez en 1675

Jimmy Pepinosa

Editor

Tras más de tres siglos, el asteroide 1997 QK1 regresó a las inmediaciones de la Tierra y lo hizo tan cerca que permitió obtener imágenes nunca antes vistas de su peculiar silueta en forma de cacahuete.

El 20 de agosto de 2025 quedará marcado como la fecha en que este objeto celeste pasó a apenas tres millones de kilómetros de nuestro planeta, una distancia mínima en escalas astronómicas, equivalente a ocho veces la separación entre la Tierra y la Luna. La última vez que se le vio tan de cerca fue en el siglo XVII, lo que convierte a este sobrevuelo en un acontecimiento excepcional para la ciencia.

Las observaciones estuvieron a cargo del radar de Goldstone, parte de la Red de Espacio Profundo de la NASA, que consiguió una resolución de hasta 7,5 metros, suficiente para revelar detalles sobre su superficie y estructura que habían permanecido en el misterio durante siglos.

El asteroide que parece un cacahuete

(NASA)

Con unos 200 metros de longitud y un periodo de rotación de 4,8 horas, 1997 QK1 confirmó las sospechas de los astrónomos: se trata de un binario de contacto, es decir, dos lóbulos que alguna vez fueron cuerpos independientes y que, tras una lenta colisión, terminaron unidos por la gravedad.

Las imágenes muestran un lóbulo aproximadamente el doble de grande que el otro, ambos con concavidades de decenas de metros de profundidad, posibles huellas de antiguas colisiones o actividad superficial. 

Este tipo de morfología no es tan rara como podría pensarse: cerca del 15 por ciento de los asteroides de más de 200 metros que orbitan cerca de la Tierra comparten esta misma estructura.

Ciencia con valor estratégico

(NASA)

Más allá de lo llamativo de su forma, el acercamiento de 1997 QK1 permitió reducir de manera significativa la incertidumbre sobre su órbita futura

Estos cálculos son cruciales no solo para anticipar cómo evolucionará su trayectoria en las próximas décadas, sino también para perfeccionar protocolos de defensa planetaria.

El asteroide está clasificado como “potencialmente peligroso”, una categoría que agrupa a los objetos de más de 140 metros que pasan a menos de 7,5 millones de kilómetros de la Tierra. Sin embargo, las mediciones también confirmaron que no representa ninguna amenaza en el futuro previsible.

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