Tras alcanzar los 25.900 millones de kilómetros de distancia de la Tierra, la sonda Voyager alcanza un nuevo récord después de casi 50 años de viaje espacial

Jimmy Pepinosa

Editor

La aventura de Voyager 1 siempre ha sido una historia de distancia, tiempo y persistencia tecnológica. Y casi cinco décadas después de su lanzamiento, la sonda vuelve a ocupar un lugar central en la conversación científica al acercarse a un hito que redefine nuestra percepción del espacio profundo

La mítica sonda se convirtió en el primer objeto construido por el ser humano en alcanzar la distancia equivalente a un día luz desde la Tierra, un parámetro que expresa el trayecto que la luz recorre en 24 horas.

Dentro de la nave viaja el disco dorado, una cápsula con sonidos e imágenes de la Tierra seleccionados para representar la diversidad humana. Aunque la probabilidad de que otro ser inteligente encuentre el disco es mínima, su presencia se convirtió en una declaración de intenciones sobre la manera en que la humanidad concibe su lugar en el cosmos.

Casi cincuenta años de misión ininterrumpida

(NASA)

Voyager 1 fue lanzada en 1977 con un objetivo claro: estudiar regiones distantes del sistema solar y aprovechar el alineamiento planetario de la época para visitar Júpiter y Saturno. Aquella misión inicial evolucionó al ritmo de los descubrimientos que la propia sonda fue enviando.

Su mayor cambio de rumbo llegó en 2012, cuando cruzó la heliopausa, la frontera donde el viento solar deja de dominar y comienza el espacio interestelar. Con ese paso se convirtió en la primera nave en salir oficialmente del sistema solar.

La NASA detalla que la sonda se desplaza a cerca de 61.000 kilómetros por hora. A esa velocidad, ha acumulado más de 25.900 millones de kilómetros de distancia desde la Tierra, una cifra que seguirá aumentando.

Visto desde la ingeniería, el hecho de que aún pueda transmitir datos casi cincuenta años después de su lanzamiento es otro de los elementos que convierten a Voyager en un referente para futuras misiones de largo alcance.

Los equipos científicos todavía reciben información sobre campos magnéticos, partículas energéticas y ondas de plasma presentes en el espacio interestelar. Ese material alimenta investigaciones sobre la estructura del entorno galáctico cercano y sobre los límites físicos que separan al sistema solar de su vecindario estelar.

La escala cósmica medida desde un objeto 

(NASA)

La distancia que Voyager está a punto de alcanzar ayuda a dimensionar el tamaño del cosmos desde un punto tangible. La luz necesita solo ocho minutos para viajar del Sol a la Tierra, pero requiere 24 horas para cubrir la distancia que separará a la sonda de nuestro planeta. 

Esa diferencia ilustra la dificultad de comunicar y operar misiones a escalas que trascienden cualquier referencia humana.

La NASA recuerda que la señal de radio tardará casi un día completo en regresar a las antenas del sistema Deep Space Network. Esa demora expone los límites actuales de la exploración remota: incluso si una instrucción se enviara hoy, la nave no la recibiría hasta casi un día después, y la respuesta llegaría con otro retraso similar.

Al mismo tiempo, este hito también se conectará con otro marcador importante. Un par de meses después de alcanzar el día luz desde la Tierra, Voyager 1 estará a esa misma distancia del Sol. Ese doble registro permitirá medir con mayor precisión la trayectoria de la sonda dentro del entorno interestelar y ajustar modelos sobre la forma y extensión de la heliosfera.

Los límites del sistema solar siguen en discusión

(NASA)

La pregunta sobre dónde termina realmente el sistema solar se mantiene abierta. Las definiciones varían según el criterio: podría ser el punto donde orbitan los planetas conocidos, o el borde teórico de la nube de Oort, un conjunto de cuerpos helados que rodea el sistema solar a distancias extraordinarias. Otra opción es considerar el límite donde la gravedad del Sol deja de imponerse sobre las estrellas vecinas.

En cualquiera de estas interpretaciones, Voyager 1 no se acerca aún al verdadero borde. Investigadores citados por la NASA estiman que la sonda tardará unos 40.000 años en alcanzar la región donde la influencia gravitacional del Sol se equilibra con la de otras estrellas. 

La cifra revela que incluso una misión tan longeva como Voyager solo está dando los primeros pasos hacia ese entorno remoto.

Tecnología de los años setenta que sigue entregando datos

(NASA)

Uno de los elementos más llamativos para ingenieros y astrónomos es la resiliencia de su tecnología. Construida con componentes propios de los años setenta, sin capacidad de actualización remota, la sonda aún transmite información con potencia suficiente para ser detectada desde la Tierra. 

La continuidad de esos datos permite continuar estudios sobre el medio interestelar, aunque la NASA advierte que la energía disponible para alimentar sus instrumentos disminuirá durante los próximos años.

El diseño de la nave y sus sistemas de comunicación se convirtieron en una referencia para nuevos proyectos que buscan operar a grandes distancias. Un estudio del Instituto de Conceptos Avanzados de la NASA publicado en 2022 resaltó que cualquier intento de viajar a escalas cercanas a la velocidad de la luz requerirá nuevas tecnologías de propulsión, muy distintas a los métodos químicos o nucleares actuales. 

Ese informe puso en perspectiva la diferencia entre la velocidad de Voyager (casi 61.000 km/h) y los casi 1.000 millones de km/h que equivalen a la velocidad de la luz.

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