El Sol, nuestra estrella más cercana y fuente de vida, aún guarda secretos que la ciencia apenas comienza a descifrar, especialmente tras importantes hallazgos como el realizado por el telescopio solar más potente del mundo, Daniel K. Inouye.
De hecho, gracias a sus observaciones que fueron publicadas en la revista científica The Astrophysical Journal Letters, los astrónomos lograron captar imágenes de una llamarada solar con un nivel de detalle nunca antes visto.
Y es lo que revelaron estas tomas fue mucho más allá de lo esperado pues evidenciaron finísimos hilos de plasma que podrían ser las piezas fundamentales en la forma en que nuestro astro libera su energía.
El telescopio que desnudó los hilos del Sol
Las imágenes fueron tomadas durante una llamarada de clase X, las más intensas que puede producir el Sol, y muestran estructuras tan delgadas como 21 kilómetros de ancho.
Para dimensionar el hallazgo, se trata de filamentos miles de veces más pequeños que el propio diámetro solar, pero que hasta ahora habían permanecido invisibles.
Capturadas en la longitud de onda H-alfa (656,28 nm), estas fotografías permiten ver cómo el campo magnético solar organiza la materia en forma de arcos luminosos y oscuros que se entrelazan como hebras microscópicas.
En total, cientos de estas estructuras fueron registradas, abriendo una ventana inédita a la arquitectura oculta de las erupciones solares.
Por qué importa mirar tan de cerca al Sol
Las llamaradas solares no son solo espectáculos cósmicos: sus estallidos de energía tienen efectos directos en la Tierra. Pueden alterar satélites, interrumpir sistemas de navegación y afectar redes eléctricas.
Entender cómo se forman y evolucionan estas explosiones es crucial para anticipar fenómenos de “clima espacial” que impactan en nuestra vida cotidiana.
Con este hallazgo, los científicos ahora cuentan con pruebas de que las teorías que proponían la existencia de bucles de entre 10 y 100 km de ancho eran correctas. Y más aún: es posible que estos hilos sean las unidades básicas sobre las que se construyen las llamaradas.
Dicho de otra manera, no estaríamos observando un bosque de estructuras, sino cada árbol individual por primera vez.
Un salto para la ciencia solar
El logro es doble: no solo confirma hipótesis de décadas, sino que además abre nuevas preguntas sobre la escala en la que ocurre la reconexión magnética, el motor detrás de las erupciones.
Ver estos hilos es como pasar de una vista panorámica a una imagen microscópica del Sol, un cambio que redefine el nivel de detalle con el que se pueden construir los modelos de predicción.
Las imágenes, que ya han sido descritas como un “hito histórico” por la comunidad científica, son también un recordatorio de cuánto queda por descubrir en nuestro propio vecindario estelar. Y aunque el Sol es el mismo que ha iluminado a la humanidad desde siempre, cada avance tecnológico nos permite mirarlo con nuevos ojos, más nítidos y precisos que nunca.
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