Pese a estar a 595 millones de kilómetros de la Tierra, la NASA logró reparar la nave espacial que tiene en Júpiter que podría revelar el misterioso origen del objeto interestelar 3I/ATLAS

Jimmy Pepinosa

Editor

En una misión que ya parecía agotada y al borde de un final planificado, la sonda Juno de la NASA, que orbita a Júpiter desde 2016, volvió a ser noticia.

No solo porque los ingenieros lograron revivir su cámara dañada en medio de uno de los entornos más extremos del sistema solar, sino porque ahora, esta nave podría tener un nuevo destino: un encuentro cercano con un objeto interestelar que podría cambiar lo que sabemos sobre nuestro vecindario cósmico.

Se trata de 3I/ATLAS, cuya órbita lo traerá cerca de Júpiter en marzo de 2026 y cuyo origen ha generado gran interés tanto en la comunidad científica como el público general, debido a los misterios que oculta y las teorías que ha generado, como aquella que no descarta que se trate de una nave alienígena en una misión hostil a la tierra.

Cómo salvar una cámara a millones de kilómetros

(NASA)

La historia comenzó en diciembre de 2023, cuando JunoCam, la cámara de luz visible a bordo de la nave, dejó de funcionar correctamente.

Durante años, este instrumento había sido esencial para capturar imágenes de Júpiter y sus lunas, pero la radiación intensa del planeta comenzó a pasarle factura. Las imágenes llegaron distorsionadas, llenas de líneas horizontales y fallos visuales que indicaban un posible daño interno.

Los ingenieros del Jet Propulsion Laboratory sabían que el componente estaba expuesto, fuera del compartimiento protegido por titanio, y sospechaban que el problema estaba en un regulador de voltaje dañado.

Sin piezas de repuesto ni manos humanas para repararla, optaron por una solución experimental: calentar internamente la cámara. Utilizaron un proceso llamado "annealing", que consiste en elevar la temperatura para intentar revertir daños microscópicos en materiales como el silicio.

Contra todo pronóstico, funcionó. La temperatura se elevó a 25°C, muy por encima de lo habitual, y poco después, JunoCam volvió a enviar imágenes nítidas, justo a tiempo para un sobrevuelo cercano a la luna Io. Fue una victoria inesperada que no solo rescató un instrumento clave, sino que también abrió una puerta a nuevas formas de mantener operativas otras naves afectadas por radiación.

Una segunda oportunidad para Juno…

(NASA)

Aunque Juno estaba programada para estrellarse contra Júpiter en septiembre de 2025 como cierre de misión, un nuevo plan propone extender su vida un poco más.

Incluso un grupo de científicos liderado por Avi Loeb (Harvard University) propuso redirigir la nave para acercarse al objeto 3I/ATLAS, que pasará relativamente cerca del planeta gigante en marzo de 2026.

Este objeto, cuyo nombre indica que es el tercero de origen interestelar jamás detectado (después de ʻOumuamua y 2I/Borisov), sigue una trayectoria que lo trae desde fuera del sistema solar.

Y su paso por las cercanías de Júpiter es una oportunidad sin precedentes para observar un cuerpo de este tipo desde muy cerca, algo que no es posible con los telescopios terrestres ni con otras misiones en curso.

Según los cálculos publicados por Loeb y sus colegas, si la NASA autoriza una maniobra de propulsión para mediados de septiembre de 2025, Juno podría llegar a ubicarse a solo 25 millones de kilómetros de 3I/ATLAS. Esto dependería de que aún queden al menos 110 kilogramos de propelente a bordo, apenas el 5 por ciento del combustible inicial de la nave.

¿Qué podría descubrir Juno sobre 3I/ATLAS?

(NASA)

Si la maniobra se realiza y Juno logra acercarse lo suficiente al objeto, sus instrumentos, que incluyen espectrómetros, magnetómetros, detectores de partículas, sensores de microondas y una cámara podrían analizar su composición, estructura interna, actividad cometaria y comportamiento orbital.

3I/ATLAS no es solo una roca viajera. Si al acercarse al Sol empieza a liberar gases, como se espera de un cometa, su trayectoria podría alterarse levemente. Esto requeriría correcciones en la trayectoria de Juno, pero también permitiría observar procesos que no han sido estudiados directamente en un objeto interestelar.

Además de la oportunidad científica, este encuentro tendría un alto valor simbólico y educativo: sería la primera vez que una nave humana se aproxima a un objeto proveniente de otro sistema estelar. Y todo esto, utilizando una nave diseñada para otra misión, cuya vida útil ya se consideraba cumplida.


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