La Marina de Estados Unidos ha reforzado su presencia en el Caribe con el despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN-78), la nave insignia de una nueva generación de superportaaviones de propulsión nuclear.
Su llegada marca un punto de inflexión en el equilibrio militar de la región, en un contexto de tensiones crecientes con Venezuela y de operaciones estadounidenses contra el narcotráfico en aguas del Caribe.
Y es que el USS Gerald R. Ford es el primer portaaviones de su clase y el más grande construido en la historia naval moderna.
Una fortaleza flotante de nueva generación
Con más de 335 metros de eslora y un desplazamiento superior a las 100.000 toneladas, este buque opera con dos reactores nucleares A1B, capaces de mantenerlo activo por dos décadas sin necesidad de reabastecimiento.
A bordo, el portaaviones puede transportar hasta 90 aeronaves, incluyendo cazabombarderos F/A-18E/F Super Hornet, aviones de alerta temprana E-2D Hawkeye, aeronaves de guerra electrónica EA-18G Growler, helicópteros MH-60R/S Seahawk, e incluso drones y aviones no tripulados diseñados para operaciones de largo alcance.
Su tripulación, integrada por entre 4.500 y 5.000 marineros y pilotos, es un 25 por ciento menor que la de los portaaviones de la clase Nimitz, gracias al uso de sistemas automatizados que optimizan las operaciones a bordo.
Tecnología electromagnética para el despegue
El corazón tecnológico del Gerald R. Ford está en su sistema electromagnético de lanzamiento de aeronaves (EMALS), que reemplaza las tradicionales catapultas de vapor por motores de inducción lineal.
Este sistema permite despegues más rápidos, suaves y eficientes, reduciendo el desgaste en las aeronaves y abriendo la posibilidad de lanzar vehículos más ligeros o no tripulados, algo impensable con la tecnología anterior.
A ello se suma el Advanced Arresting Gear (AAG), un sistema electromagnético de frenado para el aterrizaje de aeronaves, que mejora la precisión y reduce el impacto estructural sobre los aviones. Ambas innovaciones apuntan a un objetivo: aumentar el número de despegues y aterrizajes por día, ampliando la capacidad operativa del portaaviones en misiones de combate o reconocimiento.
Armamento y defensa en múltiples capas
Aunque su poder principal reside en su ala aérea embarcada, el USS Gerald R. Ford cuenta con misiles de autodefensa ESSM, sistemas CIWS (Close-In Weapon System) de corto alcance y una avanzada red de radares Dual Band Radar (DBR), capaces de rastrear múltiples amenazas aéreas y marítimas de manera simultánea.
Su escolta también forma parte del llamado Grupo de Ataque de Portaaviones 12, compuesto por tres destructores de la clase Arleigh Burke : el USS Mahan, USS Winston S. Churchill y USS Bainbridge, equipados con misiles Tomahawk de largo alcance y el sistema de defensa aérea Aegis.
En conjunto, esta flota representa uno de los despliegues aeronavales más potentes de la última década en el hemisferio occidental.
Un despliegue con mensaje político y estratégico
El envío del USS Gerald R. Ford al Caribe ocurre en el marco de una operación estadounidense contra el narcotráfico, aunque analistas militares advierten que su presencia también tiene un valor simbólico y estratégico.
Washington acusa al gobierno venezolano de colaborar con organizaciones criminales, mientras Caracas sostiene que la movilización naval busca presionar un cambio político.
El Comando Sur de Estados Unidos ha confirmado la presencia de más de 4.500 infantes de marina y marineros en la región, junto con destructores, submarinos de propulsión nuclear y aeronaves de combate. En paralelo, el gobierno de Nicolás Maduro ha desplegado unidades militares en sus costas y reporta la activación de misiles rusos Igla-S como parte de su defensa.
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