No, los jóvenes de hoy no son menos listos que los de ayer

No, los jóvenes de hoy no son menos listos que los de ayer
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Cada cierto tiempo surge el debate de si la generación actual es más o menos lista que la anterior. Un clásico (sobre todo) del verano que estos días nos ha vuelto a visitar y tiene a las redes un poco revolucionadas.

No sabemos hasta qué punto llevar un libro de Kafka en el bolsillo es (o fue) un buen indicador del éxito social y sexual, pero lo que sí sabemos es que los jóvenes de hoy no son menos listos que los de ayer. De hecho, son más inteligentes

Cada vez somos más inteligentes

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Hay un fenómeno que es poco conocido: desde que empezamos a medir la inteligencia hace más de cien años, la humanidad se ha hecho más y más inteligente. A razón de 3 puntos de CI por década, aproximadamente. En cierta forma, los tests de inteligencia estuvieron haciendo de registro histórico de la misma forma que las marcas en la pared registran la altura de los niños en las películas.

El primero que se dio cuenta fue Runquist en 1936, aunque fue el investigador James Flynn el que lo estudió más profundamente. Y por eso, a esta subida continuada la llamamos 'efecto Flynn' Es un fenómeno que ha sido documentado en casi todas las culturas y que ha tenido intrigado a los científicos durante casi cien años. Y eso que no es especialmente sorprendente.

En realidad, cada vez somos mejores en muchas más cosas

Somos más productivos, más altos y mejores deportistas. Pensemos en los Juegos Olímpicos. En 1896, Ellery Clark se llevó la medalla de oro de salto de longitud con 6,35 metros; en 2012, Greg Rutherford necesitó casi dos metros más (8,31 metros) para alcanzar la misma medalla. En los 100 metros lisos, el oro de 1896, Thomas Burke, no se habría clasificado.

Sobre esto suele hablar el profesor Flynn, si pensamos en el salto de altura "hoy el baremo suele estar en los 2,13 metros, mientras que hace 20 años podría ser de 1,82 metros. Así que para un saltador actual, su media sería muy superior a la de los Juegos de hace dos décadas". Si los atletas de hoy corren, saltan y nadan más, parece razonable que también seamos más inteligentes.

Sabemos que entre 1952 y 1982, los holandeses de 18 años ganaron 20 puntos de inteligencia. También sabemos con la misma precisión que pasaron de ser los más bajos de Europa a los más altos en 150 años.

¿Por qué ocurre esto?

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Lo cierto es que los científicos no se ponen de acuerdo del todo. Parece que existen algunos factores clave: las mejoras educativas, una mayor complejidad cognitiva de los ambientes, mejores prácticas de crianza, mejoras nutricionales y sanitarias. Algunos también sostienen que puede existir un proceso de heterosis, la selección social y cultural de los más inteligentes (y de su material genético) como pasó, según el profesor Richard Lynn, con los judíos asquenazíes.

Según la base de datos disponible podemos encontrar sutiles diferencias en las ganancias de puntos que dan la razón a unos científicos o a otros. Pero, en realidad, lo más probable es que el efecto Flynn se produzca por una combinación de todos esos factores. No obstante, el fenómeno es claro y contundente. E incluso aunque haya un límite máximo a la ganancia como algunos apuntan, por lo que sabemos los niños de hoy son los más inteligentes de la Historia.

O sea, ¿esto quiere decir que los "viejos" son tontos?

Child Pushing Grandmother On Plastic Tricycle

En realidad, lo que quiere decir es que la dialéctica de generaciones tiene mucho de debate impostado. Sobre todo, cuando se plantea desde posiciones de superioridad. Pero tampoco tiene sentido la posición contraria que también hemos visto a cuentas, por ejemplo, del referéndum del Brexit. Reivindicar el efecto Flynn es precisamente reivindicar el papel de las anteriores generaciones en crear mejores sistemas educativos, mejores cuidados médicos y culturas más ricas.

Nunca está de más recordar que la investigación trata de hechos y no de juicios de valor. Y aunque la añoranza de los tiempos pasados siempre está ahí, frente al debate sobre la involución de las nuevas generaciones debemos estar tranquilos. Porque cuando despertó Gregor Samsa la ciencia todavía estaba allí.

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