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No, Emilio Aragón, el corazón no tiene memoria: pseudociencia y trasplantes en 'Pulsaciones', la nueva serie de Antena 3
Medicina y Salud

No, Emilio Aragón, el corazón no tiene memoria: pseudociencia y trasplantes en 'Pulsaciones', la nueva serie de Antena 3

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Ayer se estrenó "Pulsaciones" una nueva serie de Antena 3 ideada y dirigida por Emilio Aragón. El protagonista, un cirujano "frío y racional", comienza a experimentar sensaciones extrañas justo tras recibir un trasplante de corazón: los recuerdos y experiencias del donante.

Es decir, la serie se basa todo su argumento en la idea de que el corazón tiene memoria. ¿Pseudociencia? Es posible, pero como dicen explícitamente al principio de la serie cuando alguien empieza a criticar a las pseudociencias, "Oye, no te pases que es bueno que haya distintos puntos de vista". Aunque no tenga ningún sentido y no sea bueno para los pacientes.

¿Qué es la memoria celular?

Pulsaciones

Como reconocía el mismo Emilio Aragón, la idea surge de una entrevista a una investigadora franco-canadiense: "Tenía decenas de casos y ella aboga que el corazón puede llegar a tener tanta memoria como el cerebro. Evidentemente, todas estas investigaciones están en una fase muy primaria y nosotros lo que hemos hecho es llevarlo a la ficción, al terreno de lo fantástico, porque nos parecía que era muy interesante y podía originar historias con mucho contenido".

No sé quién es la investigadora en la que se inspiraron los autores (aunque sospecho que puede ser ésta), pero, en realidad, no importa demasiado. No es que esté en "una fase muy primaria", es que la memoria celular es una teoría que no goza de ningún tipo de evidencia científica.

Evidencia vaga, anecdótica y antigua

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Hace unos años, Medical Daily, una publicación "especializada" en temas de salud, publicó un artículo defendiendo la idea de que los órganos podían llevar consigo parte de la identidad y los recuerdos del donante. Pero tanto los estudios que se presentan allí como las pocas investigaciones que sean realizado sobre el tema son vagos, anecdóticos y antiguos.

En uno de ellos, realizado en la Escuela de Enfermería de Honolulu en Hawai, se siguieron diez casos de trasplante de corazón. Según los autores entre tres y cinco de ellos sufrieron cambios en su comportamiento o en su forma de ser que los 'acercaban' a la forma de ser de los donantes. El problema es que achacar esos cambios al trasplante es algo más que arriesgado.

Mi ejemplo favorito es un niño de tres al que se le trasplantó el corazón de uno de cinco. Sorprendentemente para los autores, tras recibir el órgano el niño comenzó a dejar los juguetes que usaba y empezó a usar juguetes más parecidos a los de su donante. En fin, nada que no se puede explicar por el sencillo hecho de que el niño estaba creciendo y, en consonancia, cambiado los juguetes con los que jugaba.

Un trasplante puede cambiarnos

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Otro de los experimentos clave se realizó en el Servicio de Cirugía del Hospital Universitario de Viena. En él, los investigadores encontraron que un 21% de todos los pacientes experimentaron cambios en su personalidad y forma de ser. Y aproximadamente un tercio de ellos creían que la causa de ese cambio era el trasplante.

Efectivamente, es un hecho bien conocido que los sucesos traumáticos pueden producir cambios en la personalidad. En este sentido, nadie negará que el hecho de que te abran el pecho y te cambien el corazón es una de las intervenciones quirúrgicas más traumáticas a nivel físico, psicológico y social. Claro que puede cambiar la personalidad tras una experiencia como esta y claro que es posible que los pacientes asocien ese cambio con la operación. Por eso, los problemas de Pulsaciones son mucho más graves.

Los peligros de normalizar mitos y leyendas

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Aunque es muy dudoso, imaginemos por un segundo que los datos del estudio vienés son ciertos y hasta un 20% de los trasplantados de corazón experimenta cambios significativos en la personalidad y en la forma de ser. No sólo eso, el síndrome por estrés postraumático (algo ya de por sí rarísimo en este tipo de operaciones) puede ocasionar pesadillas, recuerdos reiterativos y angustiantes, hiperexitación o problemas de ansiedad.

¿En serio es necesario añadir a este tipo de dificultades la creencia de que están provocadas por los recuerdos del donante? ¿De verdad creemos conveniente incitar a pensar que estos problemas psicológicos tienen algo detrás? Sobre todo, cuando sabemos que, al contrario de lo que dicen en la serie, no es una posibilidad.

Hasta un 34% las personas creen que las donaciones pueden conllevar transferencias de características del donante. Y normalizar esas creencias sea en la ficción o en otros programas de televisión solo consigue generar miedos, dolor y ansiedad en aquellos que necesitan o han recibido un trasplante.

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