Bogotá actualmente se encuentra adelantando importantes obras de infraestructura y esto incluye el ambicioso proyecto de movilidad que representa la Primera Línea del Metro así como la construcción y actualización de varias troncales del sistema TransMilenio, algunas de las cuales se conectaran con el nuevo sistema de trenes.
No obstante, las obras avanzan a dos velocidades muy distintas. Mientras el metro mantiene su marcha constante y ya acumula más del 57,5 por ciento de avance en obra, las troncales alimentadoras diseñadas para conectarlo con los barrios más alejados enfrentan múltiples retrasos.
Esta desincronización amenaza con comprometer la funcionalidad de un sistema de transporte que depende justamente de su integración para ofrecer un servicio efectivo.
Un metro que no se detiene
De acuerdo con el segundo boletín trimestral de 2025 de Bogotá Cómo Vamos, el metro se construye conforme al cronograma. Si todo continúa así, la capital de Colombia podría estrenar su primera línea de metro el 15 de marzo de 2028.
Este proyecto, con una inversión cercana a los 22 billones de pesos, ya espera la llegada de sus primeros trenes en septiembre, mientras se adelantan estudios para su futura extensión hasta la calle 100 y avanza el proceso licitatorio para una segunda línea que uniría Suba con la calle 72.
Sin embargo, la viabilidad del metro no termina con los rieles. El verdadero reto está en asegurar que miles de personas puedan llegar a sus estaciones de manera rápida, cómoda y eficiente.
Y ahí es donde entran las troncales alimentadoras: la avenida 68, la avenida Ciudad de Cali y la carrera Séptima. Estas obras no solo permitirían al metro cumplir su objetivo de descongestionar la ciudad, sino que serían la puerta de entrada al sistema para buena parte de la población bogotana.
Troncales en reversa
A diferencia del metro, desarrollado bajo un único contrato de concesión, las troncales alimentadoras se ejecutan en múltiples frentes y por distintos contratistas.
Esta fragmentación ha generado una serie de retrasos dispares que amenazan con desarticular el nuevo modelo de transporte.
Uno de los casos más representativos es el de la troncal de la avenida 68, un corredor de 17 kilómetros que debería estar operativo antes de la entrada en funcionamiento del metro.
Iniciada en 2021 y prevista inicialmente para finalizar en febrero de 2025, hoy su entrega completa se proyecta para agosto de 2027, con un retraso acumulado de 18 meses.
Los nueve grupos de obra que componen este corredor muestran avances desiguales: mientras el Grupo 5, que cruza por la calle 26, ya supera el 96 por ciento, el Grupo 6, junto al parque Simón Bolívar, apenas roza el 52 por ciento y fue incluso amenazado con caducidad.
Alcaldía acelera la ejecución
Aun así, desde la administración distrital hay optimismo. Orlando Molano, director del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), afirmó que desde 2024 se ha acelerado la ejecución y que hoy se supera el 69 por ciento de avance promedio.
Molano explicó que los retrasos también se deben a que las obras de TransMilenio, a diferencia del metro, deben ejecutarse sin suspender el tránsito por completo. “Los planes de manejo de tránsito hacen que estas obras se proyecten también a más largo plazo”, indicó el funcionario.
No obstante, problemas como adquisición tardía de predios (60 no estaban listos al iniciar las obras), conflictos con redes subterráneas y contratistas sancionados por incumplimientos, preocupan. En total, el IDU ha reportado 33 multas, 6 caducidades y más de 40 procesos sancionatorios en curso por más de 187 mil millones pesos.
Av. Ciudad de Cali: una señal de alerta
La situación de la avenida Ciudad de Cali es aún más crítica. Aunque se trata de una troncal más corta de 7 kilómetros, los retrasos son mayores.
Las obras comenzaron entre 2021 y 2022 con una fecha de entrega inicial en octubre de 2023. Sin embargo, la proyección actual apunta a que el corredor estaría listo en diciembre de 2026, acumulando un retraso de 38 meses.
El Grupo 2 de esta troncal fue uno de los más problemáticos: su contrato fue caducado por incumplimientos reiterados, lo que obliga a una nueva licitación.
Pese a esto, el IDU asegura que, si el proceso se reactiva rápidamente, aún es posible poner en operación este eje antes de la llegada del metro. Esta troncal es clave para conectar sectores de alta densidad poblacional como Bosa y Ciudad Verde (Soacha) con el sistema ferroviario.
Carrera Séptima: un horizonte más lejano
La alimentadora del oriente de la ciudad, la carrera Séptima, enfrenta un panorama mucho más incierto. Aunque se avanzó en el diseño del Corredor Verde durante la administración anterior, las licitaciones de los tramos 1 y 2 fueron revocadas en 2024 y solo se adjudicó el tramo 3, cuyas obras aún no comienzan.
El avance general de esta troncal es 0 por ciento, y su finalización está proyectada para octubre de 2029, es decir, un año y medio después de que el metro comience a operar.
Esto significaría que, durante los primeros años del sistema, los usuarios del oriente de Bogotá no contarían con una conexión directa hacia el metro.
Un sistema que podría nacer incompleto
La fragmentación contractual, los retrasos en la adquisición de predios, la falta de información sobre redes subterráneas y los múltiples procesos sancionatorios han puesto en riesgo una promesa fundamental del nuevo sistema: la integración.
Si las troncales no están listas en 2028, el metro operará con una red de alimentación incompleta, lo que podría limitar su alcance, aumentar la presión sobre los buses zonales del SITP y mantener congestión en corredores críticos.
Desde el Concejo de Bogotá se ha llamado la atención sobre esta descoordinación. En debates recientes, varios concejales cuestionaron las múltiples adiciones y prórrogas a contratos problemáticos, así como la falta de un catastro actualizado de redes de servicios públicos, uno de los principales causantes de demoras.
Por su parte, la ciudadanía, particularmente en zonas como Kennedy, ha expresado preocupaciones sobre los impactos que las obras han tenido en la movilidad, la seguridad y la economía local. Sectores como el comercio de muebles, que agrupa a más de mil familias, han sido especialmente afectados.
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