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'Stranger Things. 3ª Temporada', crítica: Más de lo mismo, con calidad, pero con nula capacidad de sorpresa
Análisis

'Stranger Things. 3ª Temporada', crítica: Más de lo mismo, con calidad, pero con nula capacidad de sorpresa

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Va a haber mucho hateo con la tercera de 'Stranger Things'. Para empezar, porque los trolls no descansan ni en domingo; se les dé motivos o no, allí estarán las hordas para decir que lo que antes molaba en realidad nunca moló tanto y que lo que es ahora esto mola menos que nada. Pero también va a haber un hateo menos chillón, y probablemente mucho más preocupante para Netflix y los Duffer, que va a decir: "Bueno, ya, ¿no?". Y lo van a decir porque la tercera temporada de 'Stranger Things' no cuenta nada nuevo. Nada.

El hype es un problema con el que convivimos a diario. Ya vimos cómo se rasgaron las vestiduras y se quemaron las naves por el final de 'Juego de Tronos'. El amor en Internet es más efímero que nunca y la saturación de los usuarios ante la avalancha de contenido nos hace hipersensibles y un poco psicópatas; lo digo por aquello de la empatía, no porque nos vayamos a calzar una máscara a lo Myke Myers y empezar una fiesta cuchillo en mano. Es cada vez más común ver cómo se defenestran obras de ficción más que decentes por el maldito hype.

Pero la otra cara de esta moneda es que de inflar el hype también se encargan los propios creadores. Y los Duffer Brothers pararon un año la producción de 'Stranger Things'; uno asumía porque necesitaban repensarla, a revolucionarla. Y no. No. 'Stranger Things. 3ª Temporada' ya no tiene conejos en la trinchera; es más, vuelve a sacar los viejos con un nuevo collar y se monta una trama paralela a lo que ya vimos en las dos anteriores. Con la gran desventaja de que es la tercera en hacerlo. Y aunque lo hace bien, pues se siente sobada en cada una de sus imágenes.

¿Quiero decir con esto que no merece la pena verla? En absoluto. Sigue siendo una serie estupenda de aventuras y misterio, una capaz de aunar la ligereza con la hondura, llena de personajes memorables y con unos niveles de producción que son estratosféricos incluso en esta era televisiva en el que todo el mundo quema millones por minuto.

Pero desde luego 'Stranger Things' ya no es la serie que fue, esa mixtura mágica entre nostalgia y atrevimiento, entre la oscuridad de King y la inocencia de Spielberg, que nos dejó con la boca abierta cuatro años ha. Y no lo es precisamente porque es idéntica a la serie que nos impactó.

Antes de ahondar algo más en una crítica sin spoilers, quiero recordar las exigencias de Netflix para este análisis en embargo, para que el lector sepa a qué atenerse antes de seguir. Básicamente, se nos ha pedido que ninguno de los giros de guion y detalles estéticos sobre sus criaturas se desvelen. No lo haremos. Puedes estar tranquilo y leer sin miedo.

¿Qué funciona aún?

Quiero ser muy simple en la estructura de este análisis, porque creo que el parón que ha tenido la serie y el que haya alcanzado ya la tercera temporada, exige sintetizar por qué la cosa ya no va tan bien como iba. Me reitero, a riesgo de ser un plasta, en esta conclusión: 'Stranger Things' sigue siendo una buena serie; sigue mereciendo la pena. Pero ya no sorprende. Ni poco, ni mucho. Nada. Es... una fórmula. Ejecutada con medios y savoir-faire. Pero es una fórmula, un más de lo mismo con muy poquitos riesgos.

Lo que mejor funciona aún de 'Stranger Things' son sus personajes. Por ellos vamos a aguantar probablemente dos temporadas más; y por aguantar me refiero a que las audiencias no se desplomen y este blockbuster de Netflix pase a ser uno más del catálogo. Hooper, Joyce, Max, Billy, Mike, Eleven... Es gente inolvidable, de la que uno no puede evitar querer saber más. En el fondo, este tema de las series alargadas ha ido siempre por aquí, por los personajes, por cómo nos enamoramos de ellos y somos incapaces de decirles adiós.

No todos tienen un arco extraordinario de transformación, pero los Duffer sí saben aprovechar el que haya pasado el tiempo. Sobre todo, durante el calentamiento de la historia, cuando hay más espacio para la creación de personajes, para hablar de parejas. Los chavales ya están en la etapa, salvo alguno, de interesarse más por enrollarse con su pareja que en salir con sus amigos.

Es interesante que los Duffer hayan optado en este enfoque porque sean las mujeres las que más se desapegan de este rollo novios. El tópico siempre las ha pintado en los filmes adolescentes como las obsesionadas con pasarse notitas en clase y hablar solo del príncipe azul del insti que les roba el corazón. Además, se las suele retratar también traicionándose entre sí por el amor de tal príncipe. Pero en 'Stranger Things' los Duffer hacen, en un episodio magnífico centrado en Max y Eleven, que sean ellas las que pasan de ellos, las que se alían para encontrar un ancla en el mundo que vaya más allá de ser la pareja de. Para gozar de su mutua amistad.

He de advertir, para el que tenga algún problema con ello, que esta 'Season 3' es feminista. Marcadamente. A veces, incluso marcadamente de más, como en esa redacción caricaturesca e hipermachomen a la que se enfrenta Nancy Wheeler como becaria. Es tal vez el único momento que el abordaje del feminismo se siente forzado y no una consecuencia natural de los temas que explora el guion. Pero hay escenas magníficas —el mencionado episodio de Max y Eleven, una escena entre Nancy y su madre o la sorpresa de uno de los personajes— en torno a las mujeres y su liberación de los roles que se les imponen.

Repito, el que tenga problema con esto, que lo sepa. Y que se lo haga mirar.

Termino el bloque de lo que funciona con los valores de producción. Hace poco, en una tertulia/podcast que montó Jot Down en Valencia, lo llamé los graficotes. El concepto graficotes existe, evidentemente, mucho más allá de los videojuegos. Por cómo se descojonó el público, creo que no me equivoco al afirmar: "A todos nos gustan los graficotes". Esto es, que el apartado visual de la serie/película/videojuego/cómic e incluso libro que nos leemos sea espectacular. La literatura también tiene expertos en graficotes. Que se lo digan al Alcaudón de Dan Simmons o a las armaduras de colores de George R.R. Martin.

'Stranger Things. 3ª Temporada' tiene graficotes. Capítulo a capítulo, nos abruma con sus valores de producción. En sus mejores momentos, lo hace no con el enfoque in your face sino de manera más sutil pero igualmente impresionante. A esta temporada de 'Stranger Things' le pasa como a 'La maravillosa Señora Maisel'. Es un auténtico flipe ver cómo se han trabajado los exteriores e interiores en los planos secuencia. Hierven de extras y de detalles. Especialmente, el centro comercial que se convierte en escenario clave de toda la temporada. Hay un par de travellings circulares en este mall que se quedan grabados a fuego.

¿Qué no funciona?

Este apartado, habiendo leído el anterior, se podría acabar en una frase: todo lo demás.

¿Y qué es todo lo demás?

La estructura narrativa, la mitología y el ritmo del relato.

Sucede que los humanos somos seres narrativos; lo sabemos perfectamente. Tenemos la necesidad (¡vital!) de contar y que nos cuenten historias. Sobre nosotros mismos y sobre los demás. Sobre las preguntas que nos aterran y las respuestas que nos divierten. Esta condición de narrativos nos hace rápidamente expertos en reconocer patrones en todo los cuentos que consumimos. Y somos extraordinariamente sensibles a esa incómoda sensación de: esto ya lo he visto.

La tercera temporada de 'Stranger Things' ya la hemos visto. Dos veces, porque la segunda también fue un calco (en sus pilares narrativos fundamentales) de la primera. Pero era la segunda; no la tercera.

Pasa que no nos importa que las cosas se repitan si van a pares: 'The Terminator' y 'Terminator 2: Judgment Day' es el ejemplo más socorrido de siempre; películas gemelas, pero en la que la segunda aporta un pulido y refino a las ideas que la primera exploraba más titubeante. En videojuegos pasa mucho también; es un medio donde las secuelas construyen sobre la consagración de esas mecánicas y diseños que estaban en fase de prueba en la primera entrega. Un par de ejemplos: 'Super Mario Galaxy 1 & 2', 'Metal Gear Solid 1 & 2' o la dupla 'Demon Souls', 'Dark Souls'.

'Stranger Things' lo hizo con la segunda temporada. Y, globalmente, como se puede constatar por las notas de IMDB, esto encantó, porque se repitió lo visto en la primera subiendo la envergadura del espectáculo unas cuántas marchas.

Pero este truco, al menos para mí, no funciona ya igual a la tercera. Otra vez tenemos que lidiar con el Upside Down y el Mind Flayer. Otra vez tenemos laboratorios secretos. Otra vez tenemos un misterio aparentemente mundano que oculta una vertiente extraña. Otra vez, Hawkins es el lugar donde se decide el destino del mundo.

Ni siquiera hay en esta tercera temporada un capítulo tan valiente como fue el (polémico) episodio 7: 'The Lost Sister', el peor valorado de toda la segunda temporada, pero, para mí, el mejor en recobrar ese sentido de la sorpresa de la que estaba plagada la primera. 'The Lost Sister' fue un episodio de los que ampliaban la mitología de la saga mucho más allá de Hawkins. Y que hacía soñar, al menos a mí, con un futuro donde se pudiera construir este universo fuera de este pueblo y de las tramas a lo 'Goonies', 'ET', 'Gremlins' o 'Patrulla Alucinante'. A lo Amblin, vaya.

La tercera temporada no ha hecho siquiera el intento de esta amplicación. Salvo el arranque del primer capítulo, que es un tímido intento de ese tipo de apuesta más kamikaze, el resto de la tercera temporada ha apostado por lo seguro, por lo que se sabe que gusta. Pero las cosas no gustan igual cuando se repiten.

Y luego hay otro asunto que creo crucial y con el que remataré el próximo apartado. El Upside Down no da para tanto. Creo que es el mayor culpable de que 'Stranger Things' se esté estancando. Entiendo que los Duffer estén enamorados de su peculiar Hades y los monstruos que en él habitan, pero le está robando a la serie de aire fresco, de la posibilidad de sorpresa. Es como si en 'Gravity Falls' o 'Supernatural' solo se exploraran la trama principal apocalíptica y no se dejara libertad a cada episodio de tener personalidad y tema únicos; y, por tanto, capacidad de sorpresa.

'Stranger Things', a mi parecer, pide a gritos olvidarse del Upside Down.

Me resta por comentar un detalle muy personal que no sé si será muy mío o se repetirá a menudo entre los espectadores. Me da la sensación de que Temporada 3 es la menos afilada de todas; y por afilada quiero decir la menos realista y seria. Hay un sentido peliculero que le quita a la serie parte de ese filo Stephen King que nos ponía en el borde del asiento porque introducía una variable de dureza en una historia a lo Spielberg.

Tanto en el tratamiento de personajes, como en el desarrollo de la temporada en sí, noto que esa tensión a lo King, esa sensación de que en cualquier momento las cosas pueden ir inesperadamente mal, se ha desvanecido. Especialmente cuando se cae en una comedia un tanto tontuela con la relación de Joyce y Hooper. Falta mordiente en Temporada 3.

Planes de futuro

'Stranger Things' fue, para mí, una serie de 10 en su debut; un acontecimiento. Su segunda temporada fue al menos de 9, por su intensidad y espectáculo. Esta tercera se me ha quedado en un 7.

Y entonces, ¿ahora qué?

Pues, según yo lo veo, solo queda una salida. Hay que romperlo todo. La cuarta temporada tiene, o bien que cerrar para siempre todo lo relativo al Upside Down y la historia de este grupo de chavales, o bien que plantear un cambio radical de estructuras y escenarios. Porque, y es una pena decirlo, uno empieza a escuchar el reloj del tedio quemando cronómetro en la contra de 'Stranger Things'.

Yo tengo una idea muy loca. Y, como soy fan de los fanfics, y supongo que habrá otros fans leyendo, la comparto.

Mi tercera temporada de 'Stranger Things' hubiera tenido un final dramático y apoteósico. Vamos, que igual me hubiera cargado a medio casting. Pero a quien no me habría cargado es a Eleven y Mike. Eso sí, los hubiera separado de una forma radical.

Eleven se integraría en una fuerza secreta del gobierno y pasaríamos a tener una serie que se llamaría, precisamente, 'Eleven'. De las de a idea por capítulo y desarrollada no solo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. 'Eleven' formaría parte de un escuadrón paranormal con alguno de los otros números y se recorrería el planeta resolviendo entuertos paranormales. Un poco 'Expediente X' meets 'X-Men: First Class'. Adolescentes superpoderosos resolviendo casos detectivescos rarunos.

Así me tiraría al menos tres temporadas.

Y cuando llegara en tiempo real el momento en que el universo 'Stranger Things' alcanza 1992, fecha de lanzamiento de 'Street Fighter 2 Champion Edition', volvería a Hawkins. Un Mike borracho y ojeroso, jugando en el arcade, solo, con Ryu. De pronto, A NEW CHALLENGER AWAITS!!! Entra un jugador que se escoge a Mister Bison (Balrog, porque estamos en USA). Mike ni mira a su contendiente, lucha en automático... Hasta que empieza a recibir una fina paliza del Balrog ese.

Entonces, cabreado, con ganas de gresca, se vuelve hacia su torturador.

Y allí está Eleven, más guapa que nunca, con una sonrisa muy triste.

Corte a...

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