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Sensores y cámaras para el cuidado de los ancianos: ¿pueden prevenirse las caídas?

Sensores y cámaras para el cuidado de los ancianos: ¿pueden prevenirse las caídas?
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Aunque ya hace años que los sensores de movimiento conviven con nosotros, con su mejora y adaptación a los distintos campos de la tecnología estamos viviendo en los últimos meses una especie de revolución silenciosa de los sensores en general (de movimiento, biométricos, etc.). Ahora un equipo de investigadores de la Universidad de Missouri y la Escuela de Enfermería Sinclair ha publicado un trabajo sobre un sistema de sensores que podría ser de ayuda en las personas ancianas.

Según recogen en la revista de la universidad, este equipo ideó un sistema que combina cámaras y detectores cuya información resulta útil para anticiparnos a las caídas, incidentes que tienen especial gravedad a partir de ciertas edades debido al desgaste del organismo y a una serie de enfermedades. Hablan de una predicción de hasta tres semanas, pero ¿cómo exactamente puede calcularse esta predicción?

Nada de wearables

Sobre dispositivos más o menos modernos para ayudar a las personas de la tercera edad hemos visto ya algunos dispositivos específicos. Hace un par de años veíamos de hecho ya un sistema ideado para evitar estas temidas caídas, si bien en este caso no era en cuanto a su predicción, sino de prevención, con el fin de evitarlas mediante una serie de estímulos por vibración con una plantilla para el pie (para que, por ejemplo, cambiase de postura).

En este caso se trata de recurrir a tecnología "no wearable", es decir, los individuos aquí no tendrían que llevar ningún dispositivo o sensor. Se trata en una serie de sensores y cámaras que proporcionan una información de las pautas de movimiento los individuos, de modo que esta información se procesa determinando dichas pautas y alertando cuando éstas son irregulares.

Según sus análisis, en muchos casos una disminución de la velocidad es un signo previo a una caída, así como un acortamiento de la zancada

La predicción de las caídas se basa en las estadísticas que han recogido tras el estudio. Según exponen, hay un 86,3% de probabilidad de caer en las siguientes tres semanas tras detectar una disminución de 5 centímetros/segundo en la velocidad de los pasos. Es decir, según sus análisis en muchos casos una disminución de la velocidad es un signo previo a una caída, así como un acortamiento de la zancada (50,6% de probabilidad de caída).

¿Queremos ayuda artificial?

La idea es que, ante la detección de un cambio en la pauta habitual de andada de los individuos, se alerte al personal auxiliar a cargo de atender a estas personas. Las pruebas se han hecho en la residencia TigerPlace en Columbia (Estados Unidos), de modo que los asistentes recibían correos electrónicos alertando de los movimientos irregulares.

Está en fase de estudio, y en esta misma residencia ya hay precedentes de trabajos similares como el de Rantz y Skubic que son favorables a la idea de que la información de los sensores ayude a mejorar la calidad de vida de los mayores de 65 años, pero la limitación de esta tecnología está en que sólo es aplicable a entornos cerrados repletos de estos sensores y cámaras (pudiendo ser en parte cierta invasión de la privacidad). Tampoco han especificado los costes del sistema, tanto de los sensores como de lo necesario para el procesamiento de datos.

Lo que se busca también es aumentar la independencia de estas personas, como explicaba Ratz, dado que con este tipo de sistemas los auxiliares centran su asistencia a las situaciones potenciales de riesgo. Según concluye en su trabajo la combinación de asistencia con la tecnología de los sensores aumenta la media de independencia de estas personas (cuatro años frente a 22 meses).

Por otro lado está la voluntad de los asistidos, dado que puede que no en todos los casos esta asistencia por parte de máquinas no sea tan bien recibida. De hecho ya vimos en el caso de los robots japoneses ideados para asistir en distintas situaciones a personas mayores que había cierto rechazo a que no fuese un humano quien les ayudaba (aunque aquí era una intervención directamente artificial, no como en el caso de los sensores de TigerPlace).

En Xataka | En las residencias de ancianos de Japón son los robots los que aspiran a un puesto de trabajo

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