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Cuántas gripes son un brote de coronavirus: el debate sobre comparar dos enfermedades tan distintas (y tan parecidas)

Cuántas gripes son un brote de coronavirus: el debate sobre comparar dos enfermedades tan distintas (y tan parecidas)
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Mientras el coronavirus sigue su expansión por el mundo y palabras como "COVID", "SARS" o "R0" se introducen en el lenguaje cotidiano, el debate sobre cómo estamos comunicando todo lo que rodea a la epidemia está creciendo también. No faltan defensores de que estamos viviendo en medio de una exagerada histeria colectiva, ni voces que consideran que consideran que infravalorar al virus es un enorme error. El mejor ejemplo de esta sucesión de polémicas está en algo que se repite constantemente: ¿de verdad tiene sentido comparar el coronavirus con la gripe?

Nosotros mismos, hace unas semanas, nos preguntábamos por qué todo el mundo hablaba del coronavirus si si solo parece ser una "gripe más", pero lo cierto es que, de entrada, comparar un virus nuevo y relativamente desconocido con otro tan estudiado como el de la gripe es arriesgado. Sobre todo, durante los primeros meses, cuando nuestro conocimiento del coronavirus era aún superficial. Por ello, ahora que vamos sabiendo más sobre el tema y el debate social se agudiza, nos hemos preguntado si de verdad estamos ante una gripe más.

¿En qué se parecen (y en qué no) las dos enfermedades?

Captura De Pantalla 2020 02 26 A Las 17 13 07 CDC

Síntomas Es cierto que la clínica (el conjunto de síntomas y manifestaciones de una enfermedad) de ambos virus es parecida. Sobre todo, en las primeras fases de la enfermedad hablamos de un cuadro compatible con infección respiratoria aguda de cualquier gravedad o una fiebre sin foco conocido. También en ambos casos, la infección puede derivar en una neumonía (una infección que inflama los espacios alveolares de los pulmones) y, si continúa la evolución negativa, en un síndrome de distrés respiratorio (y sepsis).

Mortalidad Siendo consciente de que en este tipo de enfermedades es muy difícil tener cálculos precisos (tanto por la dificultad para identificar todos los casos, como por la variabilidad de las tasas según numerosísismos factores), podemos decir que, en el caso de la gripe, las mortalidad normalmente ronda entre el 0.04-0.1%. Si nos fijamos en la gripe porcina las cifras son algo mayores (pudiendo llegar al 0.2%). Muy lejos, en todo caso, de virus como el SARS de 2003 que alcanzó el 10%. En el caso del SARS-2, el actual, las horquillas máximas situarían la mortalidad entre el 0.7-3.5%. Aunque, lo más probable hoy por hoy según los modelos epidemiológicos, es que esté por encima del 2.2%

Infectividad No solo parece ser más mortal, también parece más contagioso. Como en el caso anterior, la variabilidad según se presenten las circunstancias es muy alta. Sin embargo, podemos decir que la gripe estacional tiene un R0 de 1.3, mientras que SARS-2 estaría entre el 1.4-2.5.

Periodo de incubación Por los datos que tenemos hasta ahora, el periodo medio de incubación del SARS-2 parece ser un poco más largo que el de la gripe (de 3-7 días para uno frente a 1-4 de la otra). Eso sí, los protocolos (basados en otros coronavirus) siguen fijando la referencia de 14 días y hay casos documentados en los que la incubación se alarga hasta un mes. No obstante, esto es normal: en todas las enfermedades los periodos de incubación son estimaciones estadísticas.

Entonces, ¿es pertinente la comparación?

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O dicho de otra forma, ¿cómo podemos evaluar si la comparación entre la gripe y el coronavirus tiene sentido? La verdad es que es complicado. Se trata de un ejemplo algo diferente de la "paradoja sorites"; es decir, ¿hasta qué punto la imprecisión y la vaguedad pueden ser cosas útiles? Y la respuesta no puede ser más que un enorme y sonado "depende". En el fondo, como defendió hace más de dos décadas Delia Graff Fara, hemos de ser conscientes de que los conceptos y comparativas cambian (y se articulan) alrededor de nuestros objetivos.

Hay muchas cosas que esta epidemia tiene (o puede tener) en común con la gripe. Por ejemplo, la gripe es un enorme problema anual de salud pública y la posibilidad de que este virus se convierta en algo parecido está encima de la mesa. De la misma forma, hay muchas otras en las que no puede ser más diferente y en las que la compararlo con la gripe solo ayuda a confundir aún más.

Por último, hay casos (la mayoría) en que lo positivo y lo negativo se solapan. La ocurrencia habitual de comparar las muertes de una y otra enfermedad puede ayudar a evitar la histeria colectiva, pero también a hacer que las medidas de higiene y control se perciban como innecesarias. Al fin y al cabo, por muy altas que sean las cifras de fallecidos por gripe, las tasas de vacunación dejan mucho que desear. Lo que no tiene sentido es usar la comparación irreflexivamente.

Los "campos de fútbol" de la epidemiología

Thomas Serer R Xkiemql34 Unsplash Thomas Serer

No obstante, el asunto de la gripe va más allá de de esta epidemia de coronavirus. A lo largo de los años, hemos visto cómo se comparaban numerosas enfermedades con la gripe. El caso más cercano, sin lugar a dudas, es el del Ébola. Y, en cierto sentido es comprensible, los seres humanos somos relativamente malos pensando procesos abstractos y generales.

Por ello, en prensa, resulta muy habitual ver cómo se usa el tamaño de los campos de fútbol para informar sobre la dimensión de las cosas. Habitual y curioso porque, a decir verdad, muy poca gente sabe lo que mide en realidad un campo de fútbol. También es fácil encontrarse con "un gigantesco iceberg de [...] 22 veces el tamaño de Manhattan" o con otro "del tamaño de la Rioja". Son heurísticos, formas de inexactas pero funcionales de dimensionar los fenómenos.

Por eso, cuando intentamos dimensionar el tamaño de una epidemia recurrimos a la epidemia que tenemos "más a mano", la de la gripe. El problema es que, comparado con la gripe, casi todas las enfermedades que podamos pensar son "mejores". Se trata de una epidemia recurrente que mata a muchos miles de personas cada año. Una que hemos normalizado por impotencia, pero que si ocurriera de nuevas generaría un completo desastre. En este sentido, comprar las epidemias con la gripe puede ser comprensible, pero la mayor parte de las veces es difícilmente justificable.

Imagen | Chris Liverani

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