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El buque de 100.000 toneladas que naufragó por buscar cobertura para el teléfono móvil

El buque de 100.000 toneladas que naufragó por buscar cobertura para el teléfono móvil
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El 25 de junio, el Wakashio, un barco de origen japonés y bandera panameña, encalló en las costas de Mauricio, a un kilómetro y medio de Pointe d' Esny, al sureste de la isla. Afortunadamente, el granelero que navegaba sin carga estaba en mitad de un viaje desde Singapur a Brasil, a donde se dirigía para recoger la carga. En términos relativos — es decir, si lo comparamos con los grandes derrames de petróleo — el derrame fue pequeño, solo 1.000 toneladas.

Pero si tenemos en cuenta donde ha sido (en las cercanías de la reserva natural de Île aux Aigrettes, el último reducto del bosque costero seco que abundaba por la mayor parte de Mauricio), la situación puede ser mucho más comprometida. Sin embargo, y aunque el tema tiene entidad como para ocuparnos de él, quizás lo más curioso del asunto es el motivo del accidente: buscar cobertura.

Un cumpleaños que no olvidarán fácilmente

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Como ha recordado Javier Peláez, hemos visto naufragios de todos tipos y colores. El Costa Concordia, un crucero que naufragó en enero de 2012 frente a la Isla del Giglio en Italia provocando 32 fallecidos y 4197 evacuados, tuvo su accidente debido a que el Capitán desvió su rumbo para tener una mejor vista del puerto. Pero hay muchos más: en los últimos años, Ibiza y Menorca han sufrido una 'epidemia' de naufragios de embarcaciones que no requieren licencia simplemente porque los que los alquilan no saben conducirlas.

El caso del Wakashio es casi más absurdo porque, por lo que dice el informe de la Autoridad Marítima Panameña sobre el accidente, el capitán desvió el rumbo debido a que uno de los pasajeros cumplía años y decidieron acercarse a la costa para tener mejor cobertura.

Es ya casi un lugar común eso de que "conocemos mejor la geografía de Marte o las dinámicas de sistemas estelares a decenas de años luz de la Tierra que nuestro fondo marino", pero lo cierto es que los océanos siguen manteniendo una complejidad técnica (y siguen conservando una incertidumbre) que los hace muy peligrosos. Sobre todo, si no seguimos las rutas prefijadas.

Y este tipo de accidentes que combinan como ningún otro el drama ecológico con el ridículo más absoluto nos recuerdan esa complejidad (que, a menudo, por las condiciones de la navegación en alta mar, no dejamos en las manos más indicadas).

imagen | Nagashiki Shipping

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