Ocurrió en noviembre de 2018, mientras un equipo de naturalistas al servicio de BBC Earth filmaba el segundo episodio de Dynasties, una serie centrada en especies en peligro de extinción.
Aunque el viaje a la Antártida y la filmación habían transcurrido con normalidad, el equipo de producción enfrentó un desafío ético inesperado: durante una tormenta de considerable intensidad, una colonia de pingüinos emperador quedó atrapada en un barranco, aislada de su grupo principal por un repentino alud de nieve.
La tormenta había causado que las temperaturas cayeran a menos 50 grados Celsius. Las madres pingüino, llevando a sus crías, luchaban sin lograrlo por subir las pendientes heladas, y al estar cada vez más débiles, cada nuevo intento ponía en peligro la seguridad de los polluelos.
El protocolo estándar para los documentales de naturaleza, uno que la BBC ha seguido durante décadas, prohíbe estrictamente la intervención. Si un león está a punto de devorar un cervatillo, por ejemplo, los naturalistas no acuden a salvarlo, porque, por triste que resulte, hace parte del ciclo natural.
La decision de ayudar
Sin embargo, en esta oportunidad, y tras un serio debate, el equipo finalmente tomó la decisión de ayudar a los pingüinos.
El director Will Lawson discutió esta desviación de las prácticas establecidas en una entrevista con Lorraine Kelly. En ella explicó que la decisión no se tomó a la ligera, y enfatizó la necesidad de considerar las circunstancias más inmediatas, que eran sumamente inusuales y no obedecían a ningún orden natural que sintieran que debía preservarse.
Los testimonios de testigos revelaron la situación desesperada de la colonia de aves. Algunos polluelos ya habían perecido después de ser abandonados en el barranco, mientras que otros enfrentaban la amenaza de los depredadores. Un camarógrafo, visiblemente afectado por los eventos, dijo que presenciar la situación de los pingüinos fue emocionalmente difícil, justamente por no ver en ella un orden natural, sino un infortunado accidente.
Cuando la tormenta amainó, el equipo de filmación se acercó a la formación de hielo donde los pingüinos estaban varados. Luego procedieron a crear una rampa poco profunda, una especie de escalera, para permitir que las aves ascendieran la pendiente. Lawson explicó que su intervención pretendía ser pasiva, y que su equipo se cuidó de no tener contacto directo con las aves.
Después de construir la pequeña rampa, una tarea que requirió poco tiempo, permitieron que los pingüinos actuaran de manera independiente. El equipo informó su alegría cuando los pingüinos comenzaron a utilizar el camino construido.
Con todo, los naturalistas temían ser condenados por romper la regla cardinal de su oficio. Para su alivio, David Attenborough, el narrador de la serie, y uno de los naturalistas más famosos del mundo, conocido por su estricta adhesión a un enfoque no intervencionista en la filmación de vida silvestre, les dio la bendición a sus acciones.
Attenborough apoyó posteriormente la decisión del equipo, explicando que la intervención es rara pero justificada cuando puede salvar vidas mediante acciones simples como, en este caso, crear escalones en el hielo. El productor Mike Gunton también defendió la elección, reconociendo los riesgos inherentes a la interferencia, pero enfatizando que los pingüinos enfrentaban una muerte segura debido a una ocurrencia natural inusual.
En última instancia, la rampa construida por el equipo resultó efectiva. Se observó a los pingüinos utilizándola para salir del barranco y reunirse con su colonia. Attenborough declaró que cualquier acción alternativa habría sido perjudicial y engañosa.