Las "palabras GPT" de los chatbots de inteligencia artificial están cambiando la forma en la que los humanos hablan, pero, ¿esto debería preocuparte?

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Jimmy Pepinosa

Editor

Cuando ChatGPT fue lanzado al público a finales de 2022, lo que más llamó la atención fue su capacidad para redactar, resumir, traducir o responder preguntas complejas en cuestión de segundos. De hecho, su adopción masiva. 100 millones de usuarios en apenas dos meses, marcó un hito en la historia del consumo tecnológico.

Pero dos años y medio después, su impacto ha ido mucho más allá de la productividad y lejos de acoplarse a la forma en la que los humanos hablamos, parece que está ocurriendo todo lo contrario y somos nosotros los que estamos adaptando nuestro el lenguaje cotidiano a la forma en la que se expresa la inteligencia artificial.

Al menos esa fue la gran conclusión de estudio liderado por Hiromu Yakura, investigador postdoctoral del Instituto Max Planck para el Desarrollo Humano en Berlín, que reveló que los chatbots de IA, en particular los basados en modelos de lenguaje como ChatGPT, están alterando sutil pero consistentemente las palabras que usamos al hablar.

Un cambio que se siente en el lenguaje diario

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Todo comenzó cuando el propio Yakura notó que empezó a incorporar ciertos términos en su lenguaje diario que antes no usaba con frecuencia. Uno de ellos fue delve (indagar o profundizar).

Esta observación personal derivó en una investigación a gran escala: ¿acaso millones de personas estaban empezando a hablar con el estilo textual característico de ChatGPT?

Aunque se debe destacar que se trata de un fenómeno lingüístico que ocurre de forma inadvertida, y cuya magnitud apenas comienza a entenderse.

Cuál fue la metodología empleada

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Para responder a esta pregunta, el equipo de investigadores diseñó una metodología en dos fases.

Primero, pidieron a ChatGPT que editara millones de páginas de correos electrónicos, ensayos, artículos académicos y noticias, con instrucciones comunes como “mejora la claridad” o “pulsa el texto”.

A partir de esas ediciones, extrajeron un conjunto de palabras que el modelo tendía a insertar de manera sistemática. Palabras como delve, realm (ámbito) o meticulous (meticuloso) se repitieron con frecuencia. A ese grupo lo llamaron “palabras GPT”.

El segundo paso fue medir si esas palabras comenzaron a usarse más en el habla cotidiana tras la irrupción de ChatGPT. Para ello, analizaron más de 360.000 videos de YouTube y 771.000 episodios de pódcast, tanto previos como posteriores al lanzamiento del chatbot.

Los investigadores no solo buscaron las “palabras GPT”, sino que las compararon con sinónimos que ChatGPT no tiende a usar como examine o explore en vez de delve, con el fin de evitar sesgos por tendencias generales del idioma.

Incremento en el uso de las “palabras GPT”

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Los resultados, publicados recientemente en arXiv.org, muestran un incremento sostenido y estadísticamente significativo en el uso oral de estas “palabras GPT” en los 18 meses posteriores al debut de la herramienta.

Este aumento no se restringe a discursos escritos o presentaciones formales. Las palabras aparecen también en conversaciones espontáneas, lo que sugiere que las personas están incorporando sin saberlo patrones de lenguaje generados por IA.

“Los patrones que están almacenados en la tecnología de IA parecen estar transmitiéndose de vuelta a la mente humana”, explica Levin Brinkmann, coautor del estudio. Es un proceso de retroalimentación cultural: los humanos entrenan a los modelos con texto escrito; los modelos devuelven versiones estadísticas de ese lenguaje; y los humanos, al interactuar con esas respuestas, comienzan a imitarlas.

Este fenómeno no es exclusivo de los modelos de IA. Lo que lo distingue es la escala y la velocidad. “No es que la IA sea una tecnología especial en términos de influir en nuestro comportamiento”, aclara Yakura. “Pero la rapidez y el alcance con que está siendo adoptada no tiene precedentes”.

Eso debería preocuparte

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Más allá de lo anecdótico, el cambio lingüístico plantea interrogantes sobre sus implicaciones culturales. Como señala Brinkmann, no imitamos a todas las personas por igual. Imitamos con mayor facilidad a aquellas que percibimos como fuentes de conocimiento o autoridad.

Si los chatbots comienzan a ocupar ese rol en nuestras interacciones, podríamos estar privilegiando un estilo lingüístico uniforme sobre la diversidad natural del idioma. Las consecuencias podrían ir desde la simplificación de nuestro vocabulario hasta una homogeneización del discurso cultural.

James Evans, profesor de sociología y ciencia de datos en la Universidad de Chicago, no participó en el estudio, pero respalda su enfoque metodológico. Según él, observar la frecuencia de palabras es una forma precisa de entender la influencia de los modelos de lenguaje en sus primeras etapas.

Con el tiempo, cuando las expresiones se integren aún más profundamente, será necesario observar estructuras sintácticas más amplias o incluso cambios en la forma en que se organizan las ideas.

El estudio no ofrece respuestas concluyentes, pero sí plantea una alerta temprana: la inteligencia artificial no solo genera contenido; también genera hábitos lingüísticos. La manera en que hablamos, pensamos y debatimos podría estar reconfigurándose, palabra por palabra, bajo la influencia persistente de modelos generativos..

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