Trump y su plan de acción de inteligencia artificial con el que quiere expandir esta tecnología, siempre y cuando que la IA no sea "woke" y esté de acuerdo con lo que piensa

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Jimmy Pepinosa

Editor

La Casa Blanca presentó oficialmente el Plan de Acción de Inteligencia Artificial de la era Trump, un documento de 28 páginas que define el rumbo que tomará Estados Unidos para acelerar su dominio en inteligencia artificial.

Se trata de una iniciativa que se fundamenta en tres pilares fundamentales que son innovación acelerada, infraestructura nacional fortalecida y liderazgo internacional en IA.

De hecho, la iniciativa busca posicionar al país como la principal potencia global en esta tecnología. Pero más allá del impulso técnico y económico, este plan revela una agenda profundamente política y cultural, que busca redibujar el papel de la IA desde los valores que la administración Trump considera innegociables.

Trump quiere una IA sin “agendas ideológicas”

Trump Informacion 1 (The White House)

El presidente Trump anunció la estrategia durante un evento en Washington, DC, en el que también firmó una orden ejecutiva que prohíbe a las agencias federales contratar empresas de IA cuyos modelos exhiban lo que denomina “agendas ideológicas”.

Entre las expresiones vetadas se encuentran la diversidad, equidad e inclusión (DEI), el cambio climático y conceptos como el “transgenerismo”.

“Los estadounidenses no quieren locura marxista woke en los modelos de IA”, afirmó Trump, mientras prometía una IA alineada con la “verdad objetiva” y la imparcialidad estricta de su particular cosmovisión.

¿Qué plantea realmente el plan?

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En términos técnicos, el documento es ambicioso: propone una transformación del aparato estatal y empresarial estadounidense para abrazar plenamente el potencial de la IA.

Se habla de facilitar la construcción de centros de datos, eliminar trabas normativas que limiten la manufactura de semiconductores, y promover el uso de IA incluso de forma agresiva dentro de las Fuerzas Armadas.

Además, se promueve una “cultura de prueba primero” para acelerar la adopción de IA en todos los sectores industriales, y se prometen iniciativas para reentrenar a la fuerza laboral y evitar un impacto social desproporcionado.

El plan también contempla fortalecer la infraestructura energética nacional para soportar industrias intensivas en cómputo y reforzar controles de exportación tecnológica para proteger los intereses estratégicos del país frente a adversarios.

En paralelo, el gobierno busca revisar y eliminar las guías federales heredadas de la administración Biden que contienen referencias a DEI, cambio climático y desinformación.

Este movimiento ha generado fuertes reacciones en el sector tecnológico, especialmente entre empresas que manejan grandes modelos de lenguaje (LLM), las cuales se enfrentan ahora al dilema de mantener protecciones éticas o adaptarse a las nuevas condiciones para no perder lucrativos contratos federales.

La cruzada contra la “IA woke”

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El concepto de “woke AI”, término ampliamente usado en círculos conservadores para describir sistemas de inteligencia artificial percibidos como sesgados hacia agendas progresistas, ha dejado de ser un eslogan de campaña para convertirse en política oficial.

Este viraje se relaciona con episodios recientes, como cuando el generador de imágenes de Google Gemini mostró a figuras históricas estadounidenses con diversidad racial, desatando polémica.

Desde entonces, la idea de que los modelos están “demasiado corregidos” para no ofender ha ganado tracción entre activistas y asesores del presidente. Uno de los más influyentes es David Sacks, inversionista de Silicon Valley convertido en zar de la IA y las criptomonedas de la Casa Blanca, quien ha defendido públicamente la creación de una IA “libre de censura ideológica”.

El resultado es una redefinición del rol que el gobierno federal espera de los desarrolladores de IA: adoptar una visión “neutral” de la verdad, despojada de cualquier referencia que el plan califica como ideológica o partidista.

Sin embargo, esta aparente neutralidad es profundamente subjetiva, debido a que muchos de los conceptos excluidos, como el cambio climático o la equidad racial, tienen amplia base científica y legal.

¿Una IA sin filtros o sin fundamentos?

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Expertos en inteligencia artificial y ética digital han mostrado preocupación por la vaguedad del estándar impuesto.

Neil Sahota, asesor de IA para la ONU, señala que la medida puede empujar a las empresas a lanzar versiones “anti-woke” de sus productos, posiblemente sin las protecciones necesarias para evitar discriminación o desinformación.

Al mismo tiempo, analistas como Chinasa Okolo, del Center for Technology Innovation del Brookings Institution, advierten que el conflicto real no es entre ideologías, sino entre la aceptación de hechos comprobables y su negación política.

En palabras de Okolo: “Algunas personas creen que los hechos básicos con sustento científico son ideas de izquierda. Eso distorsiona por completo la percepción del sesgo en la IA”.

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