La NASA reapareció esta semana con uno de los anuncios más esperados del año en astronomía: la publicación de las primeras imágenes completas del cometa interestelar 3I/ATLAS tras su aproximación a Marte.
El material llega después de siete semanas de silencio obligado por el cierre administrativo del gobierno de Estados Unidos, un paréntesis que alimentó especulaciones y convirtió a este visitante en un protagonista inesperado del debate científico.
La agencia quiso despejar el ruido: 3I/ATLAS “se comporta como un cometa”, aseguró en la presentación desde el Centro Goddard. Sin embargo, las imágenes también han reavivado lecturas alternativas, especialmente desde el sector que pide considerar hipótesis menos convencionales.
El regreso de la NASA y una imagen largamente esperada
(NASA)
La transmisión mostró por primera vez la imagen más cercana de 3I/ATLAS captada desde la órbita de Marte.
La cámara HiRISE del Mars Reconnaissance Orbiter registró el objeto el 2 de octubre como un punto difuso envuelto en un brillo extendido. La ausencia de una cola claramente orientada en dirección opuesta al Sol no llevó a la NASA a replantear su diagnóstico, que se apoya en un conjunto amplio de mediciones.
MAVEN aportó espectros ultravioleta que identifican hidrógeno liberado por sublimación, mientras que el rover Perseverance alcanzó a registrar un destello débil desde la superficie marciana. Para la agencia, nada en estas capturas contradice la interpretación de un cometa interestelar con actividad coherente.
El retraso, aclararon los investigadores, no respondía a ninguna anomalía científica. La pausa administrativa detuvo operaciones, procesado de datos y difusión pública. Con el regreso a la normalidad, la NASA decidió presentar el material junto a todo el paquete acumulado por las misiones solares, interplanetarias y telescopios espaciales.
Un cometa que toma forma desde múltiples miradas
(NASA)
La importancia de esta campaña radica en la geometría. Cuando el cometa pasó por su perihelio a finales de octubre, la Tierra estaba alineada de forma desfavorable, con el Sol bloqueando la vista.
La NASA recurrió entonces a una red de observación distribuida por el sistema solar. STEREO, SOHO y PUNCH siguieron el objeto cuando se movía cerca del disco solar; Psyche y Lucy lo registraron desde trayectorias lejanas mientras se dirigían a sus objetivos asteroides; y los telescopios Hubble y James Webb completaron el retrato desde posiciones más remotas.
Esta combinación permitió reconstruir la coma y la cola con una riqueza de detalles imposible de obtener desde un único punto. Parte del interés científico reside en comparar su comportamiento con el de cometas del sistema solar.
Las primeras conclusiones indican una actividad luminosa intensa, atribuible a procesos de desgasificación que difieren en intensidad y composición respecto a lo que se observa en objetos procedentes de la Nube de Oort.
Los instrumentos en ultravioleta detectaron proporciones de dióxido de carbono y volátiles poco habituales. Según la NASA, esas señales espectrales apuntan a que 3I/ATLAS nació en un entorno químico y térmico distinto del nuestro, probablemente alrededor de una estrella sometida a condiciones diferentes a las del Sol. En palabras de uno de los investigadores, “no solo es una puerta a otro sistema solar, es una puerta al pasado”.
Lo que dicen los datos… y lo que no terminan de resolver
(NASA)
En la presentación, las investigadoras insistieron en que los métodos actuales permiten diagnosticar con rapidez si un objeto es un cometa. El análisis fotométrico y espectral ofrece patrones bien establecidos, y 3I/ATLAS encaja en ellos.
No se han detectado desviaciones en su aceleración que sugieran propulsión no gravitacional anómala. Tampoco se han registrado señales electromagnéticas que indiquen actividad tecnológica. La NASA quiso cerrar así un debate que creció durante el parón administrativo.
Aun así, algunas preguntas permanecen abiertas. La resolución de las imágenes de Marte no permite distinguir rasgos claros del núcleo. Desde otras misiones, el objeto sigue apareciendo como una estructura extendida sin geometrías internas visibles. La agencia reconoce que, incluso con los mejores instrumentos actuales, un visitante de estas características continúa desafiando la capacidad para observar detalles finos cuando se encuentra a millones de kilómetros.
¿Un cometa… o un engañoso Caballo de Troya?
(NASA)
Donde la NASA ve confirmaciones, otros ven huecos interpretativos. El astrofísico Avi Loeb, profesor de Harvard y figura central en el estudio de tecnofirmas, publicó su reacción horas después de la presentación. Para él, las imágenes son insuficientes para descartar escenarios alternativos.
Recordó que un objeto que viaje durante millones de años por el medio interestelar frío podría recubrirse de una capa de polvo y hielos. Al acercarse al Sol, esa coraza se sublimaría, haciendo que cualquier estructura artificial se presentara ante los instrumentos como un cometa natural.
(NASA)
Loeb va más allá y describe esta posibilidad como un “Caballo de Troya interestelar”. Según su planteamiento, una sonda camuflada bajo material helado resultaría indistinguible de un cometa para los telescopios actuales, especialmente si se observa desde distancias tan grandes.
La idea no es nueva, pero adquiere relevancia ahora que 3I/ATLAS muestra una actividad inusualmente luminosa para un objeto exosolar.
El investigador también señala dos aspectos que, a su juicio, merecen más atención. El primero es la masa estimada: significativamente mayor que la de los visitantes interestelares anteriores.
Desde su perspectiva, ese tamaño debería ser estadísticamente improbable si todos los objetos llegan por azar. El segundo es la alineación de su trayectoria con el plano del sistema solar, que considera poco común. A esto suma imágenes de astrónomos aficionados que muestran chorros extensos, cuya estructura espera que el Hubble y el James Webb puedan caracterizar en las próximas semanas.
Un visitante que vuelve a entrar en escena
(NASA)
Tras el paso por el perihelio del 29 de octubre, 3I/ATLAS ha recuperado visibilidad desde observatorios terrestres. La aproximación más cercana a la Tierra ocurrirá el 19 de diciembre, a una distancia de unos 270 millones de kilómetros. Será el momento ideal para realizar observaciones de mayor resolución y contrastar si la actividad del cometa mantiene el patrón esperado o revela comportamientos nuevos.
La NASA anticipa que las próximas semanas permitirán estudiar cómo interactúa la radiación solar con un visitante formado en otro entorno estelar, algo que nunca se había observado tan cerca del Sol mediante misiones dedicadas a la heliofísica.
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